Representadas en Exclusiva

Enrique Garrigos Monerris

Desde mis primeros recuerdos de infancia, no tengo noción de otro olor y sabor que el del turrón que recorría los rincones de mi casa. Recuerdo perfectamente toda la algarabía que se montaba en la familia cuando en septiembre, tras las fiestas de Moros y Cristianos, se comenzaba a preparar la nueva campaña. Era como si, de pronto, todo se transformara en turrón.

Mi padre, Enrique Garrigós Monerris, me explicaba los avatares de mis bisabuelos, cuando a finales del siglo XIX se dirigían a Santander a vender su producción en Navidad. Todos esos detalles guardados en mi memoria son los que hicieron posible que este mundo, el del turrón, no sea simplemente un oficio para mí, sino que haya llegado a ser una forma de vida.

Es talla influencia que ha tenido en mí, que he sacrificado una parte importante de mi vida en representar no sólo a mi empresa, sino a todas las del sector en Jijona, a través de uno de los símbolos del turrón: el Consejo Regulador de las DD.OO. Jijona y Turrón de Alicante.

Cuando analizo la historia del turrón en mi familia no puedo reprimir la emoción al ver que, tras tantos años de luchas, de buenos y malos momentos, continuamos al pie del cañón. Y estoy seguro que muchos de los bisnietos de quienes compraban el turrón en Santander en nuestra parada familiar comen los mismos productos que hoy elaboramos con la misma ilusión de antaño.

Puedo decir, orgulloso, que tras más de cuarenta años después de mi primera campaña, conservo intactas las ilusiones de mis bisabuelos cuando en Jijona se empieza a oler a turrón, señal inequívoca de que otra campaña ha empezado.

 

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